La física de Dragon Ball: Por qué Goku ya habría destruido la Tierra (por accidente)
Dragon Ball marcó a generaciones enteras, pero ¿qué ocurriría si obedeciera las leyes de la física real? Los combates saiyajin serían mucho más devastadores de lo que imaginas. Y sí: la Tierra probablemente no sobreviviría.
CIENCIAENERGÍA
5/1/20264 min read


Seamos sinceros: todos hemos levantado las manos al cielo alguna vez para darle nuestra energía a Goku. Todos hemos intentado hacer un Kamehameha en la ducha. Dragon Ball nos enseñó valores como el esfuerzo, la amistad y que gritar muy fuerte te cambia el color del pelo.
Pero como aspirantes a científicos y nerds sin remedio, hoy nos toca hacer la pregunta incómoda: ¿Qué pasaría si aplicáramos las leyes de la física del mundo real a los combates de Dragon Ball? Alerta de spoiler: el villano no sería Freezer, ni Cell, ni Majin Buu. El verdadero villano sería Sir Isaac Newton, respaldado por Albert Einstein, y la Tierra no duraría ni tres capítulos. Vamos a analizar por qué.
La Genkidama: Un agujero negro portátil
Ponte en situación: Goku está reuniendo energía de todos los seres vivos para crear una Genkidama (o Bola Genki) capaz de desintegrar a un monstruo del tamaño de un planeta. Visualmente, es una esfera de luz azul muy bonita flotando suavemente sobre él. En la realidad, sería una catástrofe astrofísica.
Aquí entra nuestro buen amigo Einstein y su teoría de la Relatividad General. Solemos pensar que solo los objetos muy pesados (con mucha masa, como la Tierra o el Sol) tienen gravedad. Pero en física, la masa y la energía son equivalentes. La energía también curva el espacio-tiempo.
Si concentras una cantidad de energía lo suficientemente absurda en un espacio muy pequeño, esa energía pura generará su propio campo gravitatorio extremo. En astrofísica, si esta energía colapsa sobre sí misma, crea un tipo de agujero negro teórico llamado Kugelblitz (relámpago globular).
Para saber si Goku nos va a tragar a todos accidentalmente, usamos el radio de Schwarzschild, sustituyendo la masa por energía pura:
rs = (2·G·E) / c^4
(Donde G es la constante gravitacional, E es la energía total reunida y c la velocidad de la luz).
Para destruir un planeta se necesita superar su energía de ligadura gravitacional (aproximadamente 2·1032 julios para la Tierra). Si Goku comprime esa energía en una bola de un par de metros de diámetro, el campo gravitatorio sería dantesco.
¿Qué veríamos en la realidad? La Genkidama no flotaría pacíficamente. Empezaría a atraer todo a su alrededor: árboles, rocas, vacas, los pantalones de Krilin... Todo empezaría a orbitar furiosamente alrededor de esa bola, formando un disco de acreción abrasador antes incluso de que Goku tuviera la oportunidad de lanzarla.
E=mc^2 y la lluvia radiactiva de antimateria
Imaginemos por un momento que la gravedad no nos mata. Tenemos otro problema: mantener esa bola de luz.
La ecuación más famosa de la historia nos persigue:
E = m·c^2 → m = E / c^2
Esta fórmula no solo nos dice cuánta energía hay en la materia, sino que funciona a la inversa: si tienes muchísima energía concentrada, esta se transformará espontáneamente en masa.
En física de partículas, esto se llama ‘creación de pares’. Cuando la densidad de energía es extrema, el universo dice: ¿Sabes qué? Voy a convertir esta luz en partículas. Y no crea gatitos ni nubes de algodón; crea pares de materia y antimateria (como electrones y positrones).
Si Goku reúne energía suficiente para reventar un planeta, la Genkidama empezaría a vomitar materia y antimateria al instante. La antimateria, al entrar en contacto con el aire que respira Goku, se aniquilaría instantáneamente generando rayos gamma.
¿El resultado? Nada de una esfera azul brillante. Sería un infierno cegador de plasma radiactivo que freiría a los Guerreros Z a nivel celular.
Newton contraataca: El efecto 'perforadora'
Vale, olvidemos la radiación y los agujeros negros. Vamos a la pura fuerza bruta. Vegeta decide lanzar un Final Flash para salvar el día. Planta las botas en el suelo, flexiona los músculos, aprieta los dientes y dispara un rayo de energía catastrófica. Él, por supuesto, no se mueve ni un milímetro.
Tercera Ley de Newton: Por cada acción hay una reacción igual y opuesta.
Si lanzas un rayo con la energía (y el momento lineal) capaz de desintegrar un asteroide, el retroceso te empujará hacia atrás con una fuerza idéntica. Es como disparar la escopeta más grande del universo. Pero Vegeta es un tipo duro, es tan fuerte que simplemente resiste el empuje, ¿verdad?
Aquí es donde la física de los materiales entra en escena para arruinar la fiesta. El problema no es lo fuerte que sea el príncipe de los saiyajin, el problema es la presión que ejerce sobre el pobre y humilde planeta Tierra.
La presión es igual a la fuerza dividida por el área:
P = F / A
Fuerza (F): Titánica (nivel destructor de mundos); Área (A): La suela de dos botas de la talla 42 (unos centímetros cuadrados).
El granito, la tierra o cualquier roca del mundo real tiene un límite máximo de compresión (unos cuantos cientos de megapascales). La presión bajo los pies de Vegeta superaría ese límite millones de veces en una fracción de milisegundo.
Lo que ocurriría en realidad: La roca bajo sus pies no aguantaría el empuje. Los enlaces químicos del suelo se desintegrarían instantáneamente, convirtiendo la piedra en plasma debido a la fricción térmica extrema. Al desintegrarse el suelo, Vegeta se quedaría sin punto de apoyo.
El brutal retroceso de su propio ataque lo propulsaría hacia atrás, haciéndolo atravesar la corteza y el manto terrestre como si fuera una aguja al rojo vivo atravesando un bloque de mantequilla caliente. En lugar de derrotar al villano, Vegeta se convertiría en el misil subterráneo más rápido de la historia, saliendo probablemente por las antípodas (quizás por Nueva Zelanda) completamente mareado.
Conclusión
La magia del anime radica precisamente en poder ignorar alegremente la termodinámica, la relatividad y la mecánica clásica. Si Akira Toriyama hubiera contratado a un físico teórico como consultor, las peleas de Dragon Ball habrían consistido en un solo ataque, seguido de la implosión de todo el Sistema Solar por errores de cálculo.
Así que la próxima vez que veas un combate de ki, disfruta del espectáculo, pero dale las gracias a la física real por mantener tus pies firmemente anclados al suelo y tu energía, de momento, sin transformarse en antimateria.
